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Editorial Catalpa

“En los 70 todos creíamos que la revolución era posible”

El texto del ex militante del PRT-ERP no tiene un gramo de invención, pero usa las principales armas de la ficción y los géneros para narrar las experiencias vividas, incluido el secuestro y asesinato del presidente de Fiat, Oberdan Sallustro, en 1972.

¿Cómo fue a parar Mario Klachko, arquitecto y escritor, a un manicomio en Francia, el lugar donde estuvieron la escultora Camille Claudel y el escritor Artonin Artaud? “Igual que Jacobo Fijman, internado a la fuerza. Y los lamentos y los aullidos, si no son los mismos, seguramente se parecían mucho a los que escuchaba Fijman. Por las noches, algunos gritaban hasta que los enfermeros venían a calmarlos, y durante el día vociferaban pero en un tono más bajo, pues si lo aumentaban los llevaban a unos reductos donde los encerraban hasta no se sabía cuándo”. El “loco” que narra en primera persona –afectado por una gran depresión y con varios intentos de suicidio– está siempre con un libro en la mano; es un lector empedernido que cuando tiene que contar su pasado como militante político del PRT-ERP adopta una estrategia narrativa extrema y radical: la tercera persona, como si fuera otro, como si se desdoblara en un sujeto que toma distancia para recapitular y cuestionar ciertos aspectos de acciones en las que participó, como el secuestro y asesinato del presidente de Fiat, Oberdan Sallustro, el 21 de marzo de 1972. La novela Ville Evrard (Catalpa), de Klachko, no tiene un gramo de invención, pero usa las principales armas de la ficción y los géneros –el relato autobiográfico al mejor estilo crónica, mezclado con una especie de policial político vertiginoso– para narrar las experiencias vividas.

–Una de las tensiones que aparece en la novela tiene que ver con la IV Internacional, y la disputa que se planteó entre seguir o no con la lucha armada. ¿Cómo vivió esa discusión?

–Yo escuchaba con atención los argumentos de José Páez y de Hugo Blanco, que se oponían a la política guerrillera. Blanco había sido un dirigente peruano indio que había armado una revolución campesina muy importante en Perú. Cuando se dio el golpe de Estado de Videla, ya era evidente, varios meses antes, que el apoyo de la gente a las acciones guerrilleras había cambiado radicalmente, ya sea por miedo o porque estaban cansada. En el 71, en el 72, cuando fue lo de Trelew, la gente estaba dispuesta a apoyar las acciones armadas, a no decir nada. Pero eso, poco a poco, fue cambiando.

–En la novela narra cómo fue el secuestro y asesinato de Oberdan Sallustro, el director de Fiat Argentina. La historia “oficial” lo pone a usted en el lugar del hombre que disparó y lo mató, pero en la novela cuestiona que se decida matarlo y aclara que no fue quien disparó.

 

–En ese momento teníamos la esperanza de negociar una salida. Había dos personas ahí: Julián, que murió un año después en Córdoba, y yo. Yo no tenía el más mínimo respeto por Sallustro. Que a Sallustro lo mataran o no lo mataran me daba lo mismo. Pero en ese momento pensé: si estamos negociando, no podemos entregar un cadáver. Era una cuestión de lógica. Pero yo no fui el que lo secuestró. Lo secuestró otra gente y lo llevó a un lugar de donde hubo que sacarlo corriendo, cuando un médico que lo iba a visitar todos los días cayó, y quien dirigía en aquel entonces el PRT-ERP, Benito Urteaga, decía que como el médico era homosexual iba a hablar en la tortura o iba a ser seducido por sus torturadores. Entonces se lo llevó a Sallustro a una casa que no estaba adaptada para esa función, que era la casa de la calle Castañares, que yo acababa de alquilar. Me negué a disparar y a matar a Sallustro y fue Julián el que lo hizo. Disparé contra el comisario que entró, eso no lo niego, fue así: me quería matar a mí y yo le tiré a él. Lo que hice, no tengo ninguna razón para negarlo. Lo que no hice, me parece que es correcto decir que no fue así. Lo que se cuenta sobre el Banco Nacional de Desarrollo (Banade) en la película que mezcla documental con ficción, Seremos millones, no fue así, fue de otra manera. ¿Qué interés tiene acercarse más a la verdad? No lo sé, pero es lo que prefiero.

(…)

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